Foster, Príncipe de Asturias
Martes, 26 Mayo 2009
Según parece, la reina de Inglaterra estaba celebrando una típica comida en Buckingham Palace a la que había invitado una vez mas a sus más íntimos y distinguido amigos, los cuales indudablemente han recibido previamente el distintivo título honorífico de Sir. Todo transcuría según el más perfecto protocolo. Una gran mesa, adormada con la más delicada porcelana, iluminada por el brillo de los finísimos cristales de las copas, que por supuesto eran rellenadas una y otra vez por un exquisito vino francés… Un séquito de sirvientes revoloteando pausadamente entre los comensales mientras hablan y comentan entre ellos. En ese momento, rompiendo el ritmo de la situación entra un comunicado en la sala. Se crea cierta expectación. Es una nota para Sir Norman. Acaba de ser galardonado con el premio Príncipe de Asturias de las Artes. El comunicado llega a sus manos y rápidamente se corre la voz entre los comensales. Yo prefiero terminar este relato imaginándome una pequeña y estirada ovación, seguida de un protocolario beso de su esposa doña Elena Ochoa que evidentemente está sentada a su derecha.
Semi-dioses, creadores, genios, capaces de tomar decisiones que afectan a miles y miles de personas de por vida. Respetados por reyes y políticos, surcan el mundo como estrellas de rock. Sin embargo esta nueva reestructuración mundial me temo que está poniendo en peligro la hegemonía de estos gigantes. Incluso esos proyectos fantásticos a los que nos tenían acostumbrados han dejado de plantearse. ¿Acaso estamos asistiendo al principio de una transformación dimensional de nuestros líderes y valores socio-culturales? ¿Cuantos Príncipes más quedan? Espero ansioso vuestras respuestas.







