Y qué quiere decir “glee”, os preguntaréis con vuestras absurdas vocecillas de somormujo. Pues un “glee” es el nombre por el que se denomina a un coro de una jáiscul, o sea de un instituto americano. Pero además, “Glee” es una nueva serie que acaba de estrenar el canal Fox, y que tengo entendido que pronto emitirá Neox, el canal de TDT de Antena 3 (por el que está apostando fuerte, porque el año que viene se lleva a los chicos de “Muchachada Nui”). Glee ganó hace unos meses el Globo de oro a la mejor comedia o musical (y aquí habría que añadir: “en este caso musical”), o sea que había que estar pendiente de ella si es que queremos llegar a ser alguien en este mundillo voraz en el que los peces grandes se comen a los otros.
El caso es que el otro día vi el primer episodio de Glee, por lo que sería injusto que me lanzara a hacer una crítica de la serie como si la hubiera visto entera y como si fuera Boyero. Voy a contaros sencillamente las cosas que me pareció apreciar en el primer capítulo de la serie, que igual es el mejor pero que igual es el peor, eso sólo lo saben Dios y Enrique Muñoz de Luna.
Glee es un musical. No suele haber muchas series de televisión musicales. A mí ahora mismo se me vienen a la cabeza Fama y la de UPA dance, porque El gran circo de TVE no era un musical, aunque yo cantara sus canciones como una perra loca. Pero Glee no es un musical de los que dan perecilla: tiene muchas historias detrás y las canciones no se cantan enteras (salvo excepciones), o sea que no es como si estuvieras viendo una gala de Operación Triunfo bien actuada. En Glee suenan temas de Chicago, de John Denver, de Grease, de Fama… Pero también se oyen de fondo versiones de Beethoven cantadas a capella, como si las interpretara un coro formado por seguidores de Bobby McFerrin. Y una curiosidad muy significativa: todos los temas que se cantan en Glee se convierten en éxitos inmediatos en iTunes: las versiones de la serie y las canciones originales, que viven así una segunda juventud.
Los chicos y los profes de "Glee".
En el instituto éste, un profesor de español que lo habla fatal (o por lo menos en la V.O. que yo he visto, porque igual en la versión doblada lo convierten en profesor de esperanto) decide montar un coro (un glee) sin demasiado apoyo por parte del resto del claustro profesorero. Pero cuando hace el casting, descubre que se le apuntan los alumnos más inadaptados y problemáticos de todo el instituto. Ése es el punto de partida, porque Glee es una serie de perdedores, y en la vida todos somos perdedores. Yo mismo pierdo muchísimos paraguas y bufandas. Ayer perdí un boli.
Pero la gran garantía de esta serie es que está creada, escrita, producida y dirigida por Ryan Murphy. ¿Y quién es Ryan Murphy? ¿El actor que hacía del Señor Roper, cuya voz en castellano falleció hace unos días? No, ése se llamaba Brian Murphy. Éste es Ryan, y es el creador y artífice de las seis temporadas de una de las series más cañeras, destroyers y a menudo alucinógenas que he visto en los últimos años: Nip/Tuck, desafortunadamente subtitulada en España como “A golpe de bisturí”. Nip/Tuck cuenta la historia de dos cirujanos plásticos de Miami (que en las últimas temporadas se trasladan a L.A.) en cuyas vidas hay operaciones, sexo, drogas, homosexualidad, celos, venganza, asesinatos, incesto, prostitución, pornografía, ninfomanía, etc. Y aunque a Ryan Murphy en cada temporada se le iba más la olla, era un placer dejar que tu olla se fuera con la de Ryan y con las de los doctores McNamara y Troy. Y hablo en pasado porque Nip/Tuck se acabó ya para siempre jamás. En España ha sido emitida por Calle 13 y por las autonómicas, pero éstas últimas han tratado a la serie como al puto pompis.
El logo de “Glee”, que se hace con los dedos. A mí esta foto me recuerda a la campaña ésa de la ceja de Zapatero.
Glee conserva algunas de estas señas de identidad de Ryan Murphy. Sus dos primeros capítulos (es que mientras escribía esto he visto el segundo, así que ya soy mucho más profesional que hace unos párrafos) tiene sus toques bestias, como los que utiliza para narrar la biografía de una de las alumnas, o en las situaciones tierno-macabras que provoca un alumno paralítico que quiere participar (y participa) en números musicales. Y sólo porque Glee es hermana de Nip/Tuck por parte de padre, merece una oportunidad. Luego si no os gusta, pues mandáis a tomar por el ano a la serie, a mí y a vuestros problemas más fastidiosos.
(Lo único malo de Glee es que, para emitirla, Fox ha parado temporalmente la sexta temporada de Mujeres deseperadas, una serie de supermachotes a la que, efectivamente, estoy más que enganchado).
Tema a debate: ¿Odias el musical? / ¿Cuál es tu musical favorito? / ¿De pequeño te gustaba Leticia Sabater? Mis respuestas serían: No / Cabaret / Ni en mis años más onanistas, por Dios.
Hace muchos años yo tenía una novia. Luego lo dejamos, por guarra. Tiempo después coincidimos en una cena de Navidad con más amigos. Antes de pasar a la mesa pedimos unas cañas y de aperitivo nos pusieron panchitos. Cuando yo alargué mi mano para coger el último panchito del platete (yo amo los panchitos), mi ex-novia, con un movimiento felino, rápido y sagaz, me arrebató aquel último cacahuese. Y mientras lo degustaba me miró diciendo “sé lo que te gustan los panchitos, así que te jodes, ex”.
No sé si la comparación es buena, bueno, sí que lo sé, la comparación es una birria, pero algo así debió de sentir ayer James Cameron cuando Kathryn Bigelow le birló la gloria ganando los Oscar a la mejor película y mejor dirección, los dos más importantes, además de cuatro más de los que tres bien podrían haber sido para Avatar. El otrora “king of the world” se quedó con tres premios técnicos de nada. Se quedó sin panchitos.
Yo sí que comí panchitos y canapéses. Porque este año no os puedo hacer una crónica detallada de la ceremonia en sí, ya que me tocó trabajar, pero sí comentaros algunos aspectos de la gala y ciertos cotilleos del fiestorro que organizó CANAL+ en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, desde donde dos pisos más arriba, Manuela Velasco, Juan Zavala y Pepe Colubi retransmitían los Oscar. A mí me tocó trabajar en la fiesta con Antonio Muñoz de Mesa y mis adorados y adorables Gonzalo Cabrera y Miguel Balanzategui, con los que la palabra “trabajar” pierde gran parte de su significado. Y desde la fiesta, entre entrevistas, conexiones y ratos muertos, pude hacerme una idea de la ceremonia, porque estaba llena de pantallas gigantes en las que se veía la gala. Así que voy a iros contando cosas con ese arte que manejo como nadie y que consiste en alternar la realidad cinematográfica con las chorradas que me toca vivir.
Este era el ambientazo en la fiesta de CANAL+. Pero qué colores más bonitos, por Dios.
Llego a la fiesta. Por enésima vez, no soy el más famoso. Me superan Fernando Tejero, Macarena Gómez, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Juanma Bajo Ulloa, Natalie Poza, Borja Cobeaga, Irene Visedo, Nacho Vigalondo, Toni Acosta, Javier Godino, Quequé, Javier Coronas, Edu Soto, Norma Ruiz, Alberto Ammann, Daniel Monzón, Elsa Anka, Jaume Balagueró, Chus Gutiérrez, Juan Cruz, Gustavo Salmerón… Carambolas, ¡más estrellas que en los Goya!
Comienza la ceremonia, después de que Cristina Teva, como siempre, eclipsara a las estrellas a las que entrevistó en la alfombra roja (que este año tenía motitas de agua por la lluvia). Penélope Cruz volvía a ir muy fermosa, con un vestido de Donna Karan (yo de moda sé lo mismo que de ornitología, pero creo que Pe ha ido más guapa otros años). Y por fin estuvo sentada junto a Javier Bardem (como ya hicieron en los Goya), y entregó el primer premio de la noche al mejor acrtor secundario, cómo no, para Christoph Waltz, el único que se llevó Malditos bastardos. Cuando recogió el premio dijo: “Oscar y Penélope, esto es un bingo”. Qué salado.
El premio de Mo’Nique, mejor actriz secundaria, también estaba cantado. Penélope lo sabía, y por eso estaba tan tranquila los días antes. Precious rascó este premio y el de guión adaptado.
Aparecen en la fiesta mi chica, mi hermana y mis amigas Ana y Laura para controlarme y que no me ponga a copular con tanta famosa, como suelo hacer en estas fiestas. Era innecesario: hoy estoy de servicio y no ligo. Aún así, me tomo una cerveza con ellas y hacemos muchas guasas.
Lo de la derecha es mi nariz con una cerveza y un cubata, para aprovechar el descanso. En segundo plano, Joaquín López, Chus Gutiérrez, Borja Cobeaga y Nacho Vigalondo. Los dos últimos han estado nominados al Oscar.
Después de ver el año pasado presentar los Oscar al tremendo Hugh Jackman y ver hace tres semanas a Buenafuente triunfar en los Goya, puede decirse que Steve Martin y Alec Baldwin son dos sosos. No es que me esperara otra cosa, pero la gala no tuvo grandes momentos, ni los presentadores brillaron en ningún número (quizá el gag sobre Paranormal activity). Ben Stiller, disfrazado de navy azul, fue una vez más el mejor de la noche, como cuando presentó un premio vestido de verde explicando lo que es el chroma o disfrazado de Starsky sin que Owen Wilson le secundara vestido de Hutch. ¿Por qué no presenta los Oscar él?
Aprovechando un parón en la gala, mi hermana Beatriz se lanza en plancha a por Gustavo Salmerón, con quien trabajó hace muchos años en TVE. Momento de reencuentros y fotos. Luego Gustavo nos pidió tabaco a mi chica y a mí, que pasábamos por allí cerca. Teresa le dio un cigarro. Yo no, porque le tendría que haber dado una pipa y hubiera sido absurdo todo.
Llega el momento de Javier Recio y La dama y la muerte, pero ¡oooooh! gana Logorama (otro gran corto). Pero como me dijo luego Manuela Velasco ¿es una decepción estar nominado a un Oscar con 28 años? Pues no. Además Javier es muy grande y va a trabajar en Hollywood estoy seguro, y si no, me rebano el cilindrín.
Antes del corto de animación, se entregó el premio al largo de animación. No podía ser otra que Up, la mejor historia del año (pero como es de dibujos, sólo le dan este Oscar y el de mejor banda sonora).
Macarena Gómez tiene hambre y ya no salen más bandejas de comida. Gonzalo se mete hasta la cocina y le consigue un sandwich mientras ella me cuenta que no había comido nada antes por miedo a reventar el ceñidísimo vestido rojo que llevaba puesto. Macarena es graciosísima. Por mí que hubiera reventado el vestido.
Siguen cayendo premios hasta llegar a la sorpresa más agradable de la noche. Pedro Almodóvar, al que esta vez no tuvieron que esconder en un hotel antes de dar el premio, entrega el Oscar a la mejor película extranjera con el señor ése que se pone una careta exagerada de Tarantino. Premio para El secreto de sus ojos. Derrota a las favoritas: La cinta blanca y Un profeta. Me alegro un montón, pero vuelvo a coincidir con Manuela Velasco en que La cinta blanca podía haber estado nominada incluso a mejor película.
¿Alguna vez dos españoles habían entregado premios? Cómo molamos, amigos.
Subidón de Javier Godino: el único actor español en El secreto de sus ojos. El premio le pilló en el plató del plus, y como sabía que tenía que subir, decidió no beber hasta entonces. Según dijo, después del premio pensaba ir a por la cogorza del siglo. Bien merecida.
"En tierra hostil", la gran triunfadora con 6 estatuillas, entre ellas las de película y directora.
Y llegan los premios gordos. Los actores también estaban cantados: Jeff Bridges y Sandra Bullock, que el día antes ganó el Razzie (el premio a la peor actriz) por otra película. Y por fin el duelo entre Avatar y En tierra hostil. Se resuelve de calle para la señora Bigelow, la primera directora de la historia en ganar este premio (Jane Campion y Sofía Coppola estuvieron nominadas, pero no lo consiguieron). Dirección y película para En tierra hostil. Cameron se quedó blanco, o mejor dicho azul. Me gustó En tierra hostil y no me gustó Avatar, pero creo que la gran triunfadora no es tan redonda como para levarse 6 Oscar y que Avatar es técnicamente demasiado innovadora como para ganar sólo 3.
Cuando terminó la ceremonia, a eso de las 6, Alberto Ammann, Javier Godino, Macarena Gómez, Quequé o Fernando Tejero seguían en la fiesta, muy pendientes de los resultados finales. Qué grandes son todos.
Subo al plató a darle un abrazo a Juan Zavala y a Pepe Colubi y todos los besos que se deje a Manuela Velasco. Han estado fantásticos.
Mis apuestas han sido un desastre. Acerté 6 de 11, o sea un aprobado justito. Ya sé lo que me toca. Pero harto de patos libidinosos, esta vez me voy a buscar un ñandú, para tener que agacharme menos.
Tranquilos, ya estamos acabando con este tema, que vaya mesecito os estoy dando entre los Oscar, los Goya, los Razzie, los BAFTA, los Patatin Awards y los Premios de la Música (de éstos no os había hablado hasta ahora, pero es que mi amigo Fernando Olmo ganó el otro día el Premio al mejor ¿concierto?).
Los Oscar son este domingo, yo tendré que trabajar, al día siguiente os contaré cómo me fue la noche y si me ligué a muchas churris, y ya retomaremos la normalidad y los temas cotidianos del cine y de la tele, o sea, que hablaremos de las descargas ilegales y de Belén Esteban.
Pero hoy vamos a jugar a las apuestas en las principales categorías. Hagan juego. Arriésguense. Aventúrense. Mójense. Jódanse. Huy, esto último no. Pero vamos a apostar todos sin medias tintas. Yo me comprometo a invitar a unas cañas al que más categorías acierte. Si no es de mi ciudad y no podemos vernos, prometo enviarle al ganador al mítico pato que me zumbé la pasada semana en Chipre. Es un fiera, tanto para hombre como para mujer. Bueno, allá vamos.
Mejor película: Avatar. Porque es una producción tan bestia y tan grande que la Academia se va a deslumbrar con ella. En tierra hostil no creo que le quite el puesto a su ex-marido. Y entre las otras 8 nominadas tampoco hay obras sublimes. Si acaso Up, que no va a ganar. Para mí la mejor es Malditos bastardos, pero tampoco la van a premiar. O Precious y An education, que bastante tienen con estar nominadas. Y The blind side, District 9, Un tipo serio y Up in the air nunca ganarían en un mundo con un mínimo de lógica. O sea, que en éste igual ganan.
Mejor director: James Cameron. Ojo: son mis apuestas, no mis deseos. La Academia suele optar por una película, y me da a mí que la de este año es Avatar. Tarantino va a ser el gran olvidado. Kathryn Bigelow la gran agraviada. Lee Daniels (Precious) el injustamente despreciado y Jason Reitman (Up in the air) no se merece el premio por ñoño.
James Cameron con sus Oscars por "Titanic". Aún no padecía el "síndrome McCartney", por el que los famosos se transforman en sus madres.
Mejor actor: Jeff Bridges, por Un corazón rebelde. Porque Jeremy Renner los académicos no saben escribirlo si con una “n” o dos, y por eso no le votan. Porque George Clooney está bien, pero igual de bien que siempre. Porque Colin Firth es un soso. Porque Morgan Freeman siempre hace de negro.
Mejor actriz: Sandra Bullock, por The blind side. Porque lo de nominar a Meryl Streep todos los años y no dárselo es ya como una coña de la Academia (dice mi amigo el realizador Carlos García que para él es la favorita, porque aunque la película no es maravillosa, Meryl clona a la auténtica Julia Child). Porque Hellen Mirren ya ganó hace poco y si se lo dan a ella pues que se lo den a Pe, y a Pe no se lo van a dar. Porque Carey Mulligan está estupenda, pero se lo van a dar a Sandra Bullock. Porque no hay ningún actor en Hollywood capaz de abrir un sobre y pronunciar bien el nombre de Gabourey Sidibe.
Mejor actor de reparto: Christoph Waltz por Malditos bastardos. Porque Matt Damon, Woody Harrelson, Christopher Plummer y Stanley Tucci no tienen nada que hacer al lado de Christoph Waltz.
Mejor actriz de reparto: Mo’Nique por Precious. Porque Maggie Gyllenhaal sabe mejor que yo que Mo’Nique es la favorita. Porque Vera Farmiga y Anna Kendrick están muy normalitas en Up in the air. Porque Pe lo ganó el año pasado y encima es extranjera, sería un hito histórico e histérico, y Pe se lo tendría que dedicar a Parla, Móstoles y Fuenlabrada.
Mo'Nique y sus piernas en la alfombra roja de los Globos de Oro, en un impagable documento que me descubrió Julio.
Guión original: En tierra hostil. Una pena, porque Malditos bastardos se va a quedar cerquísima en número de votaciones. El guión de Up podría ganar perfectamente, pero no le harán ni caso: en Hollywood piensan que las pelis de dibujos van que chutan con el Oscar de animación. Hijos de perra…
Guión adaptado: Up in the air. Los guiones de Precious, An education o In the loop le dan mil vueltas, pero los académicos a veces son así de tonticos.
Mejor película de animación: Up. Porque es genial. Porque es la única de animación que también está nominada a mejor película. Y porque si por mí fuera, ganaría este premio, ni Avatar ni penes (a mí decir “ni pollas” me resulta ordinarísimo).
Mejor película de habla no inglesa: La cinta blanca. Aquí el duelo es bonito, porque Un profeta arrasó en los BAFTA y los César. Y la pena es que El secreto de sus ojos tenga estas dos rivales tan grandes, porque es una película cojonuda. La teta asustada se quedará con el susto encima y no ganará. La israelí ni me la planteo.
Mejor corto de animación. No descartéis que Javier Recio se traiga el Oscar por La dama y la muerte. Javier me dice que su favorita es French Roast, pero yo no he podido verla. Logorama y la de Wallace y Gromit no son mejores que La dama y la muerte. Y una que se llama Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty no la he podido ver porque siempre tecleo mal los apóstrofes cuando intento bajármela. Digo, comprármela. No entiendo por qué no han nominado Partly Cloudy de Pixar, el corto de las nubecitas y las cigüeñas que nos ponian delante de Up. Es el mejor del año.
"La dama y la muerte". A por elloooos, oooeeeeé!!!
Lo dicho: el que más acierte de vosotros será invitado a una caña con unos panchitos. Yo, si acierto 10 u 11, me autorregalo una simpática mascota, por ejemplo, un impala. Entre 7 y 9, me compro un libro de cuentos. Entre 4 y 6, me clavo un estilete infectado en el ombligo. Y entre 0 y 3 me corto las dos orejas y el rabo. No me gustan las medias tintas.
Si entráis después de un tiempo o por primera vez en este blog y decidís quedaros, os explicaré que durante las últimas semanas hemos estado hablando de las películas con más nominaciones a los Oscar, porque los Oscar se entregan este domingo. Hemos hablado ya de Malditos bastardos (8), Precious (6), Up (5), Nine (4), Invictus (2), Un profeta (1)… Y para el final hemos dejado las tres grandes favoritas. El duelo entre ex-maridos y ex-mujeres (Avatar versus En tierra hostil, con 9 nominaciones por cabeza) y Up in the air, con 6, y que aunque tiene menos que Malditos bastardos y las mismas que Precious, se llegó a decir de ella que podría ser el sorpresoncio del año y dar al traste con el duelo ex-matrimonicida. No lo creo.
Mis opiniones sobre estas tres candidatas son simples, porque yo no soy de reflexionar, ya me lo decía mi madre: “hijito, tú no eres de reflexionar”. Pero pese a ser simples, son éstas:
AVATAR. A ver: vaya por delante que yo no veo en 3D. Tengo un defecto en la vista propiciado por un exceso de inteligencia o de imbecilidad, no recuerdo ya qué dijo el médico, y no calculo bien las distancias. Me tendrías que ver servir el vino o la ensalada, es un espectáculo grotesco: en un festival de cine le serví una gamba dentro de la copa de vino a Cristina Teva, o a Marta Bedoya, o a mi chica, no me acuerdo ya, y no me di cuenta porque creí que la había depositado suavemente en el plato. Entonces, sin ver en 3D, estaréis de acuerdo en que Avatar pierde el 80% de su gracia. Eso sí, yo me puse las gafas encima de las mías por si percibía algo, y sí que lo percibí, percibí un gran sobrepeso en mis narices. Entonces, el otro 20% de la gracia de la película debería estar en el argumento, pero el argumento de Avatar parece escrito por un niño cretino. Creo que fue Antonio Muñoz de Mesa quien dijo que era una pena que una película en 3D tuviera unos personajes tan planos. Y creo que fue Juan Jesús quien dijo por aquí que Avatar era una mezcla de Pocahontas con Bailando con lobos y un toque de El último mohicano. Yo añadiría a los Pitufos y diría algo más: el planteamiento del avatar moviéndose por Pandora y del cerebro humano que lo maneja desde una especie de urna, me recuerda muchísimo al punto de partida de Matrix. Ni eso me resultó original, fíjate. ¿Y qué me decís del malote? Creo que no veo un malote tan previsible y exagerado desde Mazinger Z, aunque el Barón Ashler me interesaba mucho más, porque me hacía plantearme cuestiones trascendentes: ¿Cómo conseguía unir en un solo cuerpo las voces de un hombre y una mujer sin que discutieran? ¿Tenía pareja, el Barón (que no “varón”)? ¿Cómo eran sus genitales? ¿Media pilila, raya en medio, y media almeja? ¿Es éste lenguaje digno de un blog de cine? Aún así, entendería que Avatar ganara el Oscar a la mejor película. Tampoco las demás me han parecido enormes, y si algo es Avatar es precisamente eso, enorme.
El Pitufo Avatar en una agresiva pose.
EN TIERRA HOSTIL. Y dale con las malas traducciones: En tierra hostil en su versión original tiene un nombre mucho más bonito, The hurt locker, que a poco inglés que sepáis, sabréis que significa “El hurto loco”. Qué manera de desvirtuar los títulos.
Me parece una gran película, En tierra hostil, pero no redonda. Puede pecar de cambiar demasiadas veces de ritmo, lo cual no sería malo si algunos de esos cambios de ritmo no fueran verdaderos frenazos, y no sólo porque baja la intensidad, sino porque le acompañan la emoción, la tensión y en algún momento concreto (al menos en mi caso), el interés. Pero Katheryn Bigelow consigue una estética cercana al documental para contar una historia sin ninguna pretensión documental, que te da la total sensación de estar viviendo lo que viven los soldados en Irak, como cuando Spielberg nos metió en el desembarco de Normandía, sólo que Bigelow en vez de hacerlo a lo bestia y oliendo desde lejos a pasta (a pasta de dinero, no a tagliatelle al peperoncino), pues lo hace discretita pero efectivamente. La nominación como mejor actor de Jeremy Renner (que no va a ganar ni en sueños) se me antoja merecida: ese sargento que ha creado, con esas dosis de locura que le lleva a arriesgar su vida para salvar las de los demás, es magnífico. 9 nominaciones contra 9 de Avatar. Yo sé cómo van a quedar, pero las predicciones las haré en el siguiente post.
Si ésta no es la mejor secuencia de "En tierra hostil", es una de las mejores.
UP IN THE AIR. Antes de los Globos de Oro, me vendieron esta película como la tercera en discordia. Pero cuando la vi, decidí por mí mismo que Up in the air no debería ser rival para las otras dos. Me parece una película de 6. O sea, un bien. Y si hace una redacción sobre la vaca para mañana, tal vez le ponga un notable bajo. Porque tras una buena media hora presentando el trabajo que tiene el personaje de George Clooney (despedir a gente), Up in the air se me convierte en una comedia romántica más, en la que las reacciones del primer Clooney no me encaja con las del segundo.
De su director, Jason Reitman, se pueden contar varias anécdotas. Para empezar, sabréis todos que es el director de Juno, ¿no? Bueno, pues por si acaso os lo digo ahora: Jason Reitman es el director de Juno. Cuando estuvo en Madrid presentando la película, Nacho Vigalondo se lo llevó de copas por la noche, pero lo bueno es que la gente de la distribuidora que lo trajo de promoción pensaba que estaba en su habitación. Pues no, se escapó del hotel sin que lo supieran. Y cuando estuvo en Los Angeles también presentando la película, fue entrevistado por el corresponsal de CANAL+ Guillermo de Mulder, que es el tipo más divertido y surrealista que conozco, tanto que Jason le tuvo que regañar (de coña) porque le parecía que todas sus preguntas tenían un trasfondo sexual. Y para terminar, Jason Reitman está nominado al mejor guión adaptado junto a Sheldon Turner. Ya os lo conté en los Globos, pero os lo repito: ambos se llevan a matar. Sheldon y Jason no escribieron juntos ni una línea. Pero Sheldon denunció por plagio al guión de Jason, y un juez dictaminó que ambos deberían aparecer como autores y por lo tanto recoger los premios juntos. Pero no se hablan. Es como si nos nominaran juntos a mí y a Juan Antonio Bayona: que no nos hablamos. Pero porque no nos conocemos.
George Clooney in the air.
Os habré dicho ya que los Oscar los retransmite un año más CANAL+, o sea que esa noche me toca trabajar. Los va a presentar Manuela Velasco desde el Círculo de Bellas Artes de Madrid, así que esperemos que no lo precinten y se llene de zombis, y sobre todo que no me confundan a mí con la niña de Medeiros. Estuve el pasado jueves con Manuela. Esto os lo digo así de normal para que penséis: huy, qué normal lo dice, y encima la llama Manuela, éste debe de quedar un montón con ella, y quién sabe si también con su tía para tomar el té y cantar juntos “porque me llaman Carmen Caaaaarmen”. Bueno, pues estuve con Manuela y me comentó las películas que le están gustando y las que no (coincidíamos bastante, ya le dije que eso era una señal y que deberíamos casarnos, pero ni caso), está viendo prácticamente todas y me gustó las cosas que decía de ellas, y me gustó lo claro que tiene que su papel es el de presentar y aportar el punto de vista de una actriz, que para comentarios cinéfilos tendrá a sus lados a Juan Zavala y a Pepe Colubi. Eso sí, me parece que Manuela va a llorar como una magdalena esa noche, porque se emociona muchísimo cuando ve a la gente recoger premios. Qué mona es.
Con todo esto de los Oscar y de que he estado fuera y de que he pasado unos días en el calabozo por zumbarme a un pato, se me había olvidado contaros una cosa horrible que me pasó hace un par de semanas con mi tele.
Pues que creía que se me había estropeado. Llegué a pensar que ya había tenido lugar el apagón analógico, y como mi televisión todavía no tiene TDT ni USB, pues creí que cogía señales a su bola, como si el futuro no estuviera ya aquí, contradiciendo a Radio Futura.
Veréis: era miércoles por la noche, los alemanes iban de gris y vosotros de azul. Puse la tele en el canal 5, y me apareció Mira quién baila. Pero uno no es tonto, tiene cultura y sabe perfectamente que Mira quién baila es de la 1. Así que pensé: “se están descolocando los canales para que cuando tenga que rendirme a la TDT Jiménez Losantos no encuentre su sitio”. Y le di al botón de “echar canales patrás”. La 4 estaba bien, porque salía Pablo Motos avergonzando a Melanie Olivares, que seguro que tenía cosas interesantes que contar. Seguí hacia atrás y llegué a la 3. Mierda, avería absoluta: en Antena 3 se veían programas de hace 20 años, concretamente Farmacia de guardia. Entonces me puse las gafas y lo que había ahí no era exactamente Farmacia de guardia, sino “La última guardia”, un telefilme en el que se reunían los personajes de la serie más exitosa de la historia de A3, como si se hubieran encontrado en el Facebook. Que espero que esta práctica no siente precedente, aunque en el fondo reconozco que me encantaría que Curro Jiménez se reencontrara con El Estudiante y con El Algarrobo, aunque con El Algarrobo no se podría reencontrar porque estaba en Farmacia de guardia reencontrándose con Concha Cuetos.
Volví a la 5 y seguían con Mira quién baila. Consulté mi periódico de cabecera (el “Qué!”), y descubrí que el programa se había pasado de TVE a Telecinco, como si fuera Sáez y Tamayo (todo esto es mentira, ya lo sabía hacía mucho, pero me parece que contado así queda todo más simpaticón). Entonces me alegré de que la tele no se me hubiera estropeado, pero a cambio me entró el pánico del teleadicto: ¿cuál de las dos cosas veo? Las dos parecen patéticas. Quiero verlas. ¿Cuál elijo, por San Serenín?
Y al final hice zapping. Así que no me enteré bien de ninguno de los dos programas y me enteré un poco de ambos. Y confieso que:
Pilar Rubio que, ¡mira! también baila. En este caso, un cha cha cha.
Cuando empezó La última guardia creía que Carlos Larrañaga estaba actuando beodo. Luego me di cuenta de que no, que ahora habla con un extraño deje. Carlos conserva su vis cómica, pero lamentablemente el guión no.
Pilar Rubio está buena. Anne Igartiburu es guapa, pero no está buena, según mis cánones. Lo mejor de que Pilar Rubio presente MQB es que ya no cubre los preestrenos y los festivales a los que voy yo, y ya no tengo que enfadarme con ella y con sus cámaras porque se meten en medio de mis entrevistas sin respeto alguno. Empezó el programa nerviosísima, tanto que me puso nervioso a mí y volví a Antena 3.
Mierda, le di al 4. Pablo Motos le estaba haciendo soplar por un tubo de cristal a Melanie Olivares. Retrocedo al 3.
La hija mayor de Concha Cuetos no es la de antes, es otra, antes era Eva Isanta. Hablaba con desdén de su ex-marido, que no salía en el capítulo. Claro, porque cuando hace 15 años se acabó la serie, el marido era Caco Senante, y a poco que haya ensanchado ahora no cabría en el plató. Porque ya había mucha gente, digo.
Vuelvo a MQB. Sale Carmen Lomana hablando con Pilar Rubio. Adiós, pero si a ésta se la entiende peor que a Carlos Larrañaga. Cambio.
Cuando acabó la serie en el 95, los hijos de Concha Cuetos (los ficticios) aún eran jóvenes adolescentes con granos que no se habían formado como actores. Ninguno de ellos ha seguido (que yo sepa) en el mundo de la actuación, con lo cual si en 1995 no habían llegado a forjarse del todo, imaginaos cómo están ahora de desentrenadillos. Es como si yo, que antes jugaba al fútbol sala, pretendiera estar en forma dentro de 15 años. El ejemplo es perfecto, porque tras 25 años jugando aún no había aprendido a dar pie con bola, yo.
Carlos Larrañaga y Concha Cuetos con sus hijos ficticios. Ficticios porque vistos quince años después, parecen de coña.
MQB. El Sevilla bailaba un agarrao. ¿Cuál? Paquito el chocolatero. Como lo oís. Nunca le encontré la gracia a El Sevilla. Hoy tampoco. La pobre bailarina sudó tinta para que aquello tuviera algo de ritmo, pero se notaba a la legua que estaba lidiando con un torombolo.
En la farmacia eché muchísimo de menos al Piña, que era amigo de Guille. Podían haber hecho un spin off estupendo con El Piña, pero ya no, ya se pasó su momento. En sus tiempos, El Piña fue novio de la niña del anuncio de “Alucina, vecina”, que lo leí en una revista. Anda que no nos habremos reído Enrique Catá y yo de ese interesantísimo notición.
Vuelvo a cambiar y por fin baila Belén Esteban. He dicho “baila” por decir algo: Belén es removida por el bailarín en una especie de foxtrot o algo así. Belén abre bastante la boca mientras baila, y me agobia que alguien del público le arroje un zapato y se lo cuele dentro. Me habían dicho que después de la operación, estaba más guapa. No sé, ¿más guapa que quién? En fin, para gustos se hicieron los colores, yo por ejemplo adoro el fucsia. Ah, antes de bailar dijo “vais a saber quién es Belén Esteban”. Y yo pensé: “no maja, si por desgracia ya lo sabemos”.
La decir guapa es decir poco Belén Esteban bailando ¿veis? con la boca abierta.
El argumento del reencuentro de guardia éste no pudo ser más soso. Se reencontraron porque sí, porque iban a cerrar la farmacia, pero luego no. Uno de los hijos viene de muy lejos con un loro. Carlos Larrañaga sale de la cárcel para acudir a la cena. Guille es una especie de concejal o algo así de un partido de derechas. Álvaro de Luna se va en mitad de la cena y ya no se sabe más de él. Y luego en la cena no pasa nada, salvo que dos chicas le dan bofetadas a Guille, seguramente por no haber invitado al Piña.
Pues al final la primera gala de MQB la ganó El Sevilla. Pues vaya ojo tengo. A día de hoy, ya llevan 3 galas, y la audiencia ha ido bajando en cada una de ellas. Además, parece ser que TVE les va a prohibir llamarse Mira quién baila y que a lo mejor se tienen que llamar Más que baile. Yo, cinéfilo como soy, lo hubiera llamado “Bailando con bobos”.
Cambio de canal y justo se acaba lo de la farmacia. No sé por qué han hecho este telefilme. Bueno sí, para celebrar un poco los 20 años de Antena 3. Porque espero que no fuera un homenaje a Antonio Mercero, no se merece algo así. Se merece uno como el que le dio la Academia el día de los Goya.
Aquella noche aciaga bajé a la farmacia de debajo de casa y saqué a bailar a la farmacéutica. Ella también había estado haciendo zapping, y el encuentro fue precioso. Hoy tenemos dos chavales a los que hemos llamado Andreíta y Piña.
P.D. Ha muerto Rafael de Penagos, un actor de doblaje que interpretó miles de personajes en cine y televisión. Pero los que tengáis ya cierta edad o trasnocharais los fines de semana en los primeros meses de Cuatro, tendréis en la cabeza la voz de George, el Señor Roper. Pues se nos ha muerto esa maravillosa voz. Descanse en paz.
Ay, perdonadme que haya andado unos días un poco despistado, pero es que he estado en Venecia. Y por esta causa, estos últimos días he mantenido muchísimas veces la siguiente conversación:
Hola, he estado en Venecia.
¿En el Festival?
No, vamos a ver, el Festival de Venecia es en septiembre. El que ha sido ahora era el de Berlín. He ido porque he querido.
Ah. ¿Y te has comprado una góndola?
No, qué gilipollez, eso es carísimo, tienes que pagar una licencia como en los taxis y luego comprarte la góndola.
No, pero yo digo una góndola chiquinina de cristal de Murano.
Pues peor me lo pones.
Lo que quiero decir es que si trabajas en algo del cine la gente se cree que sólo puedes ir a Venecia para acudir al Festival y a Los Angeles de San Rafael para ver los Oscars de San Rafael. Pues no: yo puedo hacer lo que quiera siempre y cuando lo diga mi chica. Y lo de la góndola en realidad no me lo ha preguntado nunca nadie, lo he puesto yo para rellenar.
Dicho esto para romper el hielo, vuelvo a retomar el tema de los Oscar mezclándolo con el sibilino arte de recomendar películas, que es lo que voy a hacer en este postecillo (es que no sé cuál es el diminutivo de “post”, ¿“postito”? no sé, a mí me suena a pastelito de chocolate con cromo dentro). Y hoy voy a hablar de una película con 8 nominaciones, otra con 6 y una tercera con una, pero que se estrena esta semana.
MALDITOS BASTARDOS. Aunque difícilmente la vais a encontrar en los cines, ya la tenéis en DVD, en alquiler y en venta, y también la podéis encontrar en el Emule en DVDRIP con subtítulos en mexicano, pero está prohibido que yo diga esto. Como todos sabéis, Malditos bastardos es esa película de Tarantino en la que un grupo de judíos se dedica a eliminar nazis en 1941. Tarantino incluso se atreve a alterar “ligeramente” el curso de la Historia, y es maravilloso que lo haga. Brad Pitt está otra vez divertidísimo en esa nueva faceta de coña que ya exploró en Quemar después de leer. Christoph Waltz se saca de la manga a un nazi políglota que le valió un Globo de Oro y que le va a valer un Oscar. Y Daniel Brühl interpreta un personaje que a veces crees que puedes llegar a respetar y que de pronto descubres que no. Tarantino no da tregua a los nazis, como debe ser.
Secuencia de "Malditos bastardos" en la que los soldados juegan a un delirante juego intelectual que parece ideado por Frasier y Nyles.
Y el resultado de la película, en mi erudita y experta opinión de mierda, es una de las mejores películas que optan este año a los Oscar (a 8). No va a ganar casi ninguno, porque Avatar y En tierra hostil, que como todos sabéis están separadas pero van a gananciales, se van a repartir la mayoría. Y Avatar es más espectacular, En tierra hostil seguramente sea mejor película, mejor historia… pero yo no me lo he pasado en ninguna de ellas como me lo pasé en Malditos bastardos.
PRECIOUS. Me gustó mucho a mí, Precious. No la chica, pobrecita mía, o no tan pobrecita, porque seguro que yo a ella tampoco le gustaría porque le parecería un tío flaco y pálido como el típex y encima un soso. Me gustaron las actrices, la que hace de Precious, que está nominada pero que no va a ganar el Oscar, y la que sí lo va a ganar, o sea Mo’nique, que hace de madre de Precious y de hija de puta. Me gustó que Mariah Carey saliera con bigote y que por una vez no me dejara perplejo con el aspecto de sus senos, pechos o peras. Me gustó que mucha gente no se diera cuenta de que Lenny Kravitz era Lenny Kravitz. Y me gustó la historia, aunque es durísima, qué digo yo durísima, mucho más que durísima. Precious es, además, una película muy buena, de ésas joyas estadounidenses que sólo se estrenan fuera cuando llegan los Oscar. Como lo eran Pequeña Miss Sunshine, como lo era Juno… y como lo son muchas historias (americanas, sí) que no llegan a España porque no las nominan a nada y porque en ellas no sale Mel Gibson. ¿Qué conclusión debéis sacar de este párrafo? Pues que Precious mola. Aún la podéis ver en muchos cines.
Precious, su hija, su madre y el sofá más resistente del mercado.
UN PROFETA. Ésta es una película francesa que se estrena este viernes, y que está nominada al Oscar a le mejor película de habla no inglesa. Que debe ser el único habla que no sale en Un profeta, porque en ella se oye francés, árabe e italiano. No va a ganar el Oscar porque lo va a ganar La cinta blanca, aunque la semana pasada sí que se llevó el BAFTA. Yo fui a verla el lunes al pase de prensa porque me la había recomendado varias veces Juan Zavala, y si Juan Zavala me recomienda Papa Piquillo, pues yo voy y también la veo. Me gustó un montón Un profeta. Otra película dura, en algunos momentos violenta, pero que cómo engancha. Qué bien contada, qué gran historia carcelaria y qué diferente de Celda 211, por citar un ejemplo reciente de película carcelaria buena. Entiendo la nominación, entiendo los premios, entiendo que le haya quitado un puesto a Trueba o a Almodóvar. Pero hay una cosa que no entiendo y que es la única pega que le pongo a la película, pero lo hago sólo por ponerle una pega y para que vea la película quién manda en este blog, y es que el metraje me parece excesivo (dos horas y media). No porque sea largo, sino porque se hace largo (bueno, al menos a mí se me hizo, y a una persona de la que me fío y otra de la que no es que me fíe sino que lo que diga va a misa, pues también). Si una película dura cinco horas pero no me hace mirar el reloj, para mí no es larga. Pero si un corto de ocho minutos (el de Mateo Gil que acaba de ganar el Goya, por ejemplo) me hace mirar la hora, pues entonces para mí es largo. En Un profeta miré el reloj. Y encima cuando lo miro pierdo el hilo, porque no sé leer la hora bien y me quedo siguiendo el segundero con la mirada como un tontico, oye, que hay que ver qué mecanismo más curioso. Aún así, y pese a esta pega, me gustó a mí Un profeta. La estrenan este viernes. Como diría Cándida Villar, es preciosa: vayáis a verla.
El profeta y el dios al que se pasa predicando durante casi dos horas.
Seguiremos hablando de más películas, si os parece. Ahora os tengo que dejar, que me llaman al portero los colegas para juebar un rato al jula-jop.
Vamos a descansar un poquito de los Goyas y los Oscars de los güevos, coño ya.
Huy perdón, he empezado demasiado cabreado para la poca importancia que tiene el asunto. Empezamos de nuevo.
Hola, hoy vamos a abandonar por un día los temas de las nominaciones y de los premios, que llevamos un montón de posts seguidos hablando de los Oscar y los Goya. Y vamos a hablar de dos películas que están de actualidad: una que acaba de llegar a lo cines y otra que llega este viernes. No son las más importantes, pero es que las más importantes las voy a dejar para los días que volvamos a hablar de los Oscars de los güevos, coño ya.
Nacidas para sufrir se estrenó el viernes pasado. Es la 8ª película de Miguel Albaladejo, un tipo al que media España llama Albadalejo y que a veces hace cosas que me gustan y a veces no, pero esto me pasa también con Guti. Me gustó su Manolito Gafotas (el de Albaladejo, no el de Guti), me conquistó Ataque verbal, no me convencieron El cielo abierto o Cachorro y me puso muy nervioso Rencor, pero me tomé una pastilla que se llama Tiadipona y se me pasó enseguida.
"Nacidas para sufrir". No me gusta el título, me recuerda demasiado a "Nasío pa matar".
Nacidas para sufrir va de más a menos. El principio es purito Azcona, purito Berlanga y purito Reig. A mí me pareció tan sorprendente, que no pensaba contarlo en este blog, como no lo conté el otro día en la radio, aunque si avisé de que era un principio desternillante, y debí de ser convincente porque Tony Aguilar se reía solo de imaginarlo, aunque a Tony Aguilar y a mí a veces nos entra la risa sin tener que decirnos nada, también me pasa con Nacho Valcárcel, pero ése de momento igual no sabéis quién es. Al tiempo.
Bueno, pues ese principio que yo no quería contar porque para mí es como medio sorpresa, lo están contando en la tele y en la prensa los propios actores y el director. Así que que les den, yo lo cuento.
Resulta que una solterona anciana (una enorme Petra Martínez) se da cuenta de que sus sobrinas y legítimas herederas están planeando ingresarla en una residencia. Así que decide borrarlas del testamento y dejárselo todo a la mujer que la ha cuidado los últimos años, que es buena buena y un poco manejable (Adriana Ozores). Pero como legalmente no puede hacer eso, decide… ¡casarse con ella! Eso les convierte en el primer matrimonio gay del pueblo, aunque en ningún momento de la trama se atisbe algún sentimiento o tratamiento homosexual. Luego la historia da un giro cuando llega al pueblo la madre de Adriana Ozores (bueno, de su personaje), y para mí la cosa baja bastante. Pero no sé, me dejó a mí buen sabor de boca, Nacidas para sufrir.
La otra película se estrenará este viernes y se llama I’m not there, que en inglés significa que el que está hablando no está allí, o sea que estará aquí. Me apetecía verla porque es de Todd Haynes, un director que me conquistó con una historia muy del estilo de Douglas Sirk que se llamaba Lejos del cielo. Y a lo mejor no os suena el título (I’m not there), pero sí os sonará si os digo que es una película sobre Bob Dylan y que lo interpretan varios actores e incluso una actriz, Cate Blanchett, que estuvo nominada al Oscar y todo, pero habíamos dicho que no íbamos a hablar de los Oscar de los güevos, coño ya.
Ahí va, sí que me suena, pero como de hace dos años.
Es que es de hace dos años, FIliberto.
¿Y por qué se estrena ahora?
No lo sé, ¿por qué Mickey Rooney se casó con Ava Gardner?
Ni idea.
Pues eso.
I’m not there está muy bien de fotografía. Bueno, la verdad es que no lo sé, pero es lo que se suele decir cuando una película te parece un coñazo. Tal vez la palabra exacta no sea “coñazo”, ni siquiera “gran potorro”, pero yo reconozco que me aburrí bastante, y eso que eran las 10 de la mañana y estaba despejadito. Dura demasiado y aporta pocas cosas sobre Bob Dylan, en mi opinión. Y eso que a mí me gusta Bob Dylan (su música), y me entretuvo bastante oír sus canciones, yo de jovencico cantaba temas suyos con la guitarra, como Mr. Tambourine man, Like a rolling stone o Blowin’ in the wind cuya letra aún recuerdo de memoria (“sabeeer que vendraaaá, / saber que estaraaaá, / partiendo a los poooobres el paaaan”).
Seis Bobdylans seis.
Y aunque estoy seguro de que mi admirado Fermín Zabalegui le sacaría mucho más jugo que yo a esta película y a este post, debo decir que lo único que me gustó del planteamiento de la película es que la retahíla de actores que hacen de Bob (entre ellos Heath Ledger y Christian Bale) no van cambiando según la edad del cantante desaliñadete, sino según la cara de Bob Dylan de la que estemos hablando en ese momento. El resto me aburrió como una mona.
Obsesionado con esta última afirmación, me pongo a pensar qué actores me interpretarían a mí en una película en la que mostraran mis múltiples facetas. Y creo que serían esos seis:
Mi “yo” más encantador y atractivo. Sin duda alguna, George Cloney. Podría hacerlo Brad Pitt, pero no da el tipo, este “yo” mío es mucho más viril. Me refiero a mi “yo encantador psicológico”, porque si luego me veis en persona puedo resultar tan viril como Paco Clavel.
Mi “yo” atormentado. Aquí dudo entre Sean Penn y Ángel de Andrés López. Ya lo sé, son muy distintos, pero al fin y al cabo son actores, que se lo curren.
Mi “yo” divertido y alocado. Lo interpretaría José Luis Perales. Qué queréis, yo cuando me aloco soy así.
Mi “yo” intelectual. Aquí lo tengo claro: lo haría Nacho Vidal en su debut en el cine convencional como protagonista.
Mi “yo” oscuro y depresivo. Lo interpretaría María Galiana. Es que me tenéis que ver cuando me deprimo, cambio un montón.
Mi “yo” reivindicativo y batallador. Creo que esta faceta mía la clavaría el Telettubie rojo.
Mola pensar en quién te interpretaría en el cine, aunque sea sólo un actor o actriz, sin dividirse en facetas, digo. Haced la prueba.
Pues sí: por fin se entregaron los Goya. Y si no os he contado antes lo que me pasó en la ceremonia es porque el domingo llegué a casa a las 3:20 de la madrugada y ayer, medio sopa, tenía que trabajar un poco para justificar mi presencia en la gala. A mi jefe no le vale con que os la cuente a vosotros, pues menudo es.
Cuando vas a los Goya para trabajar, no te enteras bien de la gala. Los periodistas de televisión estamos en el backstage, recibiendo a los ganadores según salen del escenario con su Goya entre las manos. Posan ante los fotógrafos, que son unos señores que gritan mucho (”¡aquí, a la derechaaaaaa, mira ahora aquí, mira ahora allaaaaaá, besa el Goya, sube el Goya, baja el Goya, frótate la chorra con el Goya!”). Luego les ponen un micrófono y dan las gracias otra vez a sus padres. Y luego pasan por unos cuantos periodistas que queremos entrevistarles personalmente porque somos muy nuestros. Y mientras todo esto sucede, la gala continúa, y aunque tenemos un monitor de televisión, pues como que no te enteras de casi nada.
Aún así, por lo que pude ver y por los SMS que me enviaba mi chica, me pareció que la gala fue una de las mejores de las 24 que se han celebrado hasta ahora (me lo han corroborado algunas de esas personas de las que tanto me fío y de las que tanto os hablo). Andreu Buenafuente, si quiere, puede ser el Billy Crystal español. Yo repetiría con él año tras año. Su humor fue fino, oportuno, inteligente, gracioso (lamentablemente, no siempre el humor en España es gracioso). El vídeo con el que abrió la ceremonia fue comparable (bueno, casi) al que presentó Jon Stewart en sus primeros Oscars. El de Movida en la 211, presentando Celda como si fuera una comedia tonta americana, fue sensacional. La fusión con la Sardá, el número musical, la muerte final (”¿De qué os reís, cabrones?”)… En fin, todo el mundo habla bien de Buenafuente. Chapeau.
Luis Tosar, uno de los grandes triunfadores de la noche.
Pero vosotros visteis la gala, y seguramente mejor que yo, así que me voy a dedicar solamente a contaros algunas de las cosas que no pudisteis ver porque no estuvisteis en la alfombra roja (bueno, verde, Jameson manda), que estuve mirando yo por si os veía y nada, ah, felones, que me dejasteis más solo que un perro (que un perro solo).
Como el que llevaba en brazos María Reyes, y al que enfocaron durante la gala en uno de los chistes más flojetes. María explicaba la historia del perro Pancho a todo el que le preguntara por él (porque fue su acompañante), y contaba de memoria esa historia tan sosa que se inventaron para mencionar a uno de los patrocinadores.
La pobre y encantadora Leticia Dolera, actriz que acaba de dirigir un corto, llegó a la alfombra roja (verde), se quitó el abrigo y ¡mierda! se le había llenado el vestido de pelusinas. A la pobre la tuvieron que ayudar a quitarse las putas pelusas antes de que posara ante los fotógrafos y pareciera la manta de un gato. Y aunque estuvo allí un ratito ante la vista de todos, impacientes por que se plantara ante los flashes, mereció la pena la espera. ¡Guapa, ole!
De repente los periodistas acreditados en la alfombra (bueno, y los que ya estamos desacreditados) quedamos cegados por un destello amarillo fluorescente que nos dañó gran parte de los ojos y nos hizo caernos hacia atrás: acababa de entrar una figura uniforme, larga, delgada, luminosa, tan suave que se diría toda de algodón, que no llevaba huesos, como un spagueti all’uovo combinado con el look del primer David Bowie. Pero era Bimba Bosé, con el pelo teñido del color de su traje: amarillo chillón. Menos mal que Óscar Jaenada decidió no teñírselo del color de su atuendo, pues iba vestido con una chaqueta rosa palo, una camiseta a juego y un borsalino negro, no recuerdo si me dijo que era regalo de su madre o de Jean Paul Bemondo. Cómo iría vestido que casi no me fijé en su pareja, Bárbara Goenaga, y mira que me parece atractiva esa chica. Aún así, me pareció más surreal la pareja Óscar Jaenada - Ana Belén sobre el escenario.
Mi mítico mentón dialogando con la mejor actriz del año, Lola Dueñas.
Hablando de parejas: me sigue pareciendo que Pé y Já se lo montan fatal. Eran la pareja de la noche, entregaron premios, encajaron las bromas de Andreu… ¿por qué entonces no ir juntos a la gala? Pues Bardem no pasó por la alfombra roja (verde), sino que entró a la sala por la puerta de atrás. Y Penélope no se detuvo a hacer declaraciones, y además fue porque ella no quiso, doy fe de que Antonio Rubial, su representante, intentó que me concediera la mini-entrevista que habíamos apalabrado. Esto lo digo porque mucha gente dice que son peores los representantes que las estrellas. Bueno, pues no siempre. Pé y Já me parecen dos actores magníficos merecedores de muchos premios, ya lo he dicho muchas veces, pero me sigue pareciendo que se lo montan mal, muy mal.
Hablando de bordes: Marisa Paredes, la ex-presidenta de la Academia, pasó por delante de mí y le solicité unas declaraciones de diva a diva con mi exquisita educación (“¡¡¡¡Marisaaaaaaaaa, anda párateeeeeeeeee!!!!”). Marisa, que como dice Miguel Parra se ha quedado anclada en el personaje de La flor de mi secreto, me dijo “No, es que ya he hecho siete entrevistas”. No sabía que había un límite, ni que fuera siete. “No importa, yo he hecho más”, le dije por si colaba. Pero no coló.
Y volviendo al tema de parejas premiadas: aunque Pé y Já pueden presumir de tener en casa dos Oscars, que supongo que usarán para machacar almendras amargas para la salsa, me gusta mucho más lo de Luis Tosar y MartaEtura. Aparte de que los dos me encantan, cada uno en su estilo, ¿os imagináis lo que debe de molar pedir un taxi - cada uno con un Goya -, entrar en casa - cada uno con un Goya -, ver quién de los dos busca las llaves porque tienen ocupadas las manos - cada uno con un Goya -, y dormirse cada uno abrazado a su Goya? Es más, ¿os imagináis lo que debe de molar dormirse abrazado a un Goya, soltarlo y abrazarse a Marta Etura?
Mi cogote con Marta Etura. Si no fuera porque Luis Tosar es un tipo fantástico y parece más brutote que yo, me fugaría con Marta Etura a Sabiñánigo, Huesca.
Otra extraña pareja: Pilar Castro y Luis Zahera, el actor que tenía que haberse llevado el Goya al mejor secundario pero no le nominaron. Luis iba grabando a Pilar con una camarita, y tanto esto como que los dos fueran juntos tiene una explicación, pero no sé si es sorpresa, así que por si acaso ya me callo.
Debo reconocer que me sorprendió ver frente a mí, durante las casi dos horas y media que duró el desfile de estrellas por la alfombra roja (verde), a Carlos del Amor de TVE bastante ocioso. Estaba ahí como solo. Yo pensé que se habría equivocado en la hora o que habría quedado con el cámara en otro sitio. Pero no, al final sí que hizo entrevistas y fue de los únicos que tuvo a Penélope Cruz (cosa que yo no conseguí, porras). Es que era muy raro, si no.
También debo reconocer mi debilidad por la belleza que exhibieron Maribel Verdú, Manuela Velasco o Verónica Sánchez. Además, reconozco que me salí literalmente de mi cuerpo de gozo y orgullo cuando las dos últimas van y me reconocen y me besan y me dicen “¡¡¡qué taaaal!!!” antes de entrevistarlas. La verdad es que quedas como Dios delante de los demás. Yo les dije a todos que eran unas ex-novias a las que dejé por Tere y que hemos quedado como amigos, pero no me creyeron.
Maribel Verdú. Cómo me gusta a mí, Maribel Verdú. Mirad cómo me sonríe, Maribel Verdú, aunque tal vez se esté descojonando de mí, no le pregunté por si acaso.
Igualmente ilusionóme el abrazo de ánimo y mis deseos de suerte que les pude dar a Antonio Naharro, Álvaro Pastor y Javier Recio, con quienes estuve el otro día y el pasado post. También vi pasar con Natalie Seseña a Nuria Verde, pero en ese momento estaba entrevistando a no sé quién o sufriendo el desaire de Marisa Paredes y no pude darle un beso. Te lo doy ahora, Nuria.
Luego aparecieron algunos personajes que nunca me acuerdo de si están vivos hasta que llegan los Goya. Y además, vi a Massiel, Analía Gadé, Silvia Marsó, Pajares con Maricielo, Victoria Vera… que seguro que están todos trabajando en algo, pero ahora mismo (salvo en dos casos) no sé en qué.
Y tras la gala, tuvimos el placer de hablar con los ganadores, ya sintiéndose ganadores: Lola Dueñas con un subidón que parecía que se había comido unas pirulas entre el escenario y el backstage, Luis Tosar, Alberto Iglesias, Javier Recio, Alberto Ammann, Marta Etura, Raúl Arévalo… y Álex de la Iglesia, que fue el gran triunfador por el “efecto Pedro”, y cuyo discurso inaugural ensayó unos minutos antes delante de mi micrófono (os lo juro). No me comentó que iba a pedirle a la gente que no se alargara en los agradecimientos. Es verdad que es un coñazo, pero como reivindicó Belén Rueda en la gala de Mar adentro, es quizá el momento más importante en la vida de un actor. ¿Le vas a quitar ese gusto?
A la 1:30 todavía estábamos entrevistando a Alejandro Amenábar y a Daniel Monzón. Justo después, los sufridos cámaras Antonio y Mario y mi superproductora Cristina Iglesias subimos al cocktail para comernos un canapé de queso y así no desfallecer mucho, y también porque arriba estaban Xiomara García (a la que debéis en parte el magnífico vídeo con el que empezó la gala) y mis amigos y grandes actores Emilio Gavira y Jorge Merino. A Cristina le debéis todas estas imágenes de mi cogote. Pero si queréis ver fotos buenas buenas de los Goya sin que se entrometa mi colleja, no os perdáis el especial que ha preparado Menstyle.
Amenábar Amenábar, moro de la morería. Mi cogote con el "perdedor" de la noche, si es que se puede ser perdedor y ganar 7 Goyas.
Ah, y para terminar, repaso mis apuestas y veo que:
Me libro de pagaros una cena para dos personas en un pequeño restaurante de Almorox, Toledo, pero os tengo que invitar a un plato de garbanzos con repollo en Casa Perico.
Me tenéis que pagar una excursión a Chipre de dos días y seis noches.
Me tengo que follar a un pato.
Bueno, pues lo que haré será irme con el puto pato a Chipre para que el sexo sea con cariño, que es mucho mejor, y mientras tanto vosotros os coméis los garbanzos de Casa Perico. Os recomiendo que los pidáis con ropa vieja, creo que la hacen los viernes.
Alguien me preguntaba hace poco en los comentarios de este blog que si iba a hacer predicciones para los Goya. La respuesta es NO. O bueno, ésa era la respuesta en ese momento, pero como no tengo carácter y basta que me digan una cosa para que la haga por si acaso (¿por si acaso qué? no lo sé, llevo años preguntándomelo), pues la respuesta ahora ha cambiado y es SÍ.
Pero las voy a decir muy rápido, porque mis apuestas de este año van en una dirección muy clara: Celda 211. Venga, yo digo que va a ganar mejor película, dirección, actor para Luis Tosar y guión adaptado. Si no es así, os pago una cena para dos personas en un pequeño restaurante de Almorox, Toledo.
Así que según yo, Celda 211 derrota a Ágora. A Ágora le dejo el Goya al mejor guión original y un buen puñado de Goyas técnicos. Si acierto, me pagáis una excursión a Chipre de dos días y seis noches, que me hace una ilusión…
Luis Tosar en "Celda 211", haciendo de hijo de mala madre.
La otra gran triunfadora será Yo, también: dirección novel, actriz principal para Lola Dueñas y actor revelación para Pablo Pineda. Si fallo uno de estos tres os invito a un plato de garbanzos con repollo en Casa Perico.
Otros Goyas: Resines y Marta Etura, actores de reparto. Blanca Romero, actriz revelación. El secreto de sus ojos, mejor película de habla hispana. Déjame entrar, mejor película europea. Si me equivoco en una, en sólo una de estas predicciones, me tiro a un pato. Pero me lo tiro en el sentido carnal, que me lo zumbo, vamos.
Y por supuesto, La dama y la muerte va a ganar el premio al mejor corto de animación (aunque es una pena que Alma se vaya a quedar sin el premio, es otro corto cojonudo). ¿Aún no habéis visto La dama y la muerte, el corto que está nominado también al Oscar? Anda, aquí lo tenéis, que no sé qué haríais sin mí (y sin Plus TV, las cosas como son).
Lo de La dama y la muerte os lo cuento tan así porque la otra tarde estuve con Javier Recio, su director, y me estuvo contando muchas cosas del corto, de Antonio Banderas (que es el productor), y también que para los Oscar le van a vestir Victorio y Luchino, pero que para los Goya le ha comprado un traje su madre. También estuve con los directores de Yo, también, y con tres de los cuatro nominados al mejor corto de ficción.
¿Pero dónde estuviste tú? os preguntaréis medio desnudos. ¿En una especie de bar de La guerra de las galaxias versión española para cortometrajistas y frikis como tú?
Pues no, en un encuentro digital televisado por internet entre nominados, estudiantes e internautas que organizó plus.es, que llamaron “Del corto al Oscar pasando por el Goya” y que me pidieron que moderara yo, que es como pedirle a Belén Esteban que modere una sesión extraordinaria de la Academia de la Lengua (de la lengua española, matizo, porque si no el chiste pierde su gracia). Aún así, como me lo pidieron Choni Martín Herranz y Cristina Merino, pues les dije que sí, porque son dos personas que si un día me piden que intente matar con un clip a un rinoceronte cabreado, yo creo que también les digo que sí.
Y me lo pasé pirata, tíos. Porque conocí a seis personas estupendas (me refiero a los nominados, a los demás ya los conocía, aunque también son estupendos, como Esther & Carlos, realizadores de lujo), porque me vi inmerso en una charla sobre cortos y cine que me interesó una cosa mala y porque me dejaron hacer el tonto delante de tres cámaras.
Por ejemplo, me gustó comprobar que:
Antonio Naharro y Álvaro Pastor, los directores de Yo,también, traían un jetlag imponente porque venían del Festival de Sundance ý de ganar el premio del público del Festival de Rotterdam. Pese al agotamiento, estuvieron simpatiquísmos y encantadores, y a pesar de que han triunfado con su primer largo y están preparando el segundo, no veais cómo apoyaron a los cortometrajistas y escucharon a los estudiantes.
Javier Recio, el director de La dama y la muerte, va a estar el domingo en la gala de los Goya. Al día siguiente, en Los Angeles, tendría la comida de los nominados al Oscar. Así que tuvo que elegir entre una cosa y otra. Y dice que va a lamentar mucho no comer en el mismo salón que James Cameron y Quentin Tarantino, pero ha elegido estar en los Goya. “Espero que merezca la pena”, añade con cierta coña.
Esteban Crespo, el director de Lala, entró en el plató de CANAL+ donde hicimos el encuentro, y cuando vio las cámaras y las luces, tuvo dos golpes de humor seguidos de éstos que a mí me encantan: “Vaya, es duro ver que te van a entrevistar con más medios técnicos de los que tú has tenido para hacer el corto por el que entrevistan”. Y acto seguido: “¿Os importa dejarme un momento solo en el plató, que voy a rodar otro corto?”Echadle un vistazo a Lala, con Gustavo Salmerón, Marta Berenguer, Ramón Barea y Mariví Bilbao (la musa otoñal de los cortometrajistas).
Yo con los cortometrajistas y directores nominados a los Goya (y Oscar). A sus pies pone “ANAL+”, pero porque falta una “C”.
Nuria Verde, la única nominada acabada en “a” por Terapia, guionista y redactora del programa Cámara abierta de TVE , se reveló como una maravillosa “sinopsista”: en una frase resumió su corto y el de Esteban Crespo con una precisión y una capacidad de síntesis que ya me gustaría tener a mí, y a vosotros que la tuviera, porque en una frase os contaría todo lo que yo llevo intentando contar desde hace un par de horas. Terapia es un duelo psicológico-emocional entre Daniela Féjerman y Natalie Seseña.
Martín Costa, nominado por La Tama, explicó a internautas y estudiantes cómo se busca una actriz, como se consigue la financiación para un corto o para qué sirve un Goya (según él, más útil para ligar y hacer amigos que para pagar hipotecas). Y oye, un buen rollo con sus compañeros, que no olvidemos que el domingo serán rivales…
La conclusión que saqué es que el único corto que no quiero que gane es el de Mateo Gil, el cuarto en discordia. Primero, porque es el único que no asistió al encuentro. Esto ha sonado a venganza, pero no, porque no pudo venir porque estaba de viaje, lo que quiero decir es que como no vino pues no le pude coger cariño. Y segundo, porque su corto es el que menos me gusta de los cuatro.
De verdad que fue un placer conocerles, y será un placer saludarles el domingo en los Goya, donde estaré porque me lo han rogado encarecidamente. ¿Los altos cargos de la Academia? Pues no: mi jefe. Porque voy a trabajar, no a sentarme en el patio de butacas a aplaudir y a comer ganchitos. Lo de “encarecidamente” y lo de “rogado” lo he añadido yo. Por suerte, voy con Cristina Iglesias, mi productora favorita después de Paula Wagner y con Antonio y Mario, mi equipo de cámaras preferido pero con el que posiblemente me suceda algo extraño, como que extraviemos el Palacio de Congresos o electrocutemos a Buenafuente.
Si no me pasa nada raro, os pago un viaje a Cancún para dos personas con escala en Hi-Fi. Os lo juro.
(¿Os animáis a hacer apuestas?)
Estoy tonto, llevo unos días venga a hablaros de los Oscar como si fuera Miguel Parra, y resulta que dentro de cuatro días lo que se entregan son los Goya. Así que habrá que hablar de los Goya. Y como hace un año ya os hice un repaso graciosísimo sobre la historia de estos premios tan absurdos que consisten en darle a un cineasta la cabeza de un pintor sordo, pues hoy os voy a hablar de una cosa nueva de los Goya.
Por motivos que no vienen a cuento, este año he asistido muy de cerca a todo el proceso de votación de los Premios Goya. Y como sucede en todos los premios, el sistema no es justo, pero podría serlo. Por lo menos es democrático y no se me ocurre un método mucho mejor. Veréis:
La Academia envía a sus miembros un libraco con todas las posibilidades que tienen para elegir los nominados de cada categoría. El libraco incluye todos los títulos estrenados en el año (en este caso 2009), y todas las candidaturas que han enviado cada una de esas películas. Yo lo he visto y da mucha pereza.
El libraco que envía la Academia con todos los aspirantes a ser nominados a los Goya.
¿Cómo se convierte uno en miembro de la Academia? Primero, tienes que dedicarte al cine. Una vez que ya te dedicas al cine, hay dos caminos. Uno: que te nominen a un Goya. Automáticamente, pasas a ser académico. O sea, que Lolita, por ejemplo, es académica. O sea, no puede ser académico un charcutero bajito, a no ser que haga una película y le nominen. Dos: que varios académicos presenten y avalen tu candidatura, y que la Asamblea la apruebe con ilusión. Así que el charcutero mejor que haga una película, porque si no nadie va a avalar su propuesta.
Las productoras de las películas son las que presentan a sus candidatos. O sea, es Celda 211 la que pone a Luis Tosar como actor principal, a Resines como secundario, a Amman como revelación… Por eso a veces vemos algunas “trampas”, como que dos actrices que aparecen los mismos minutos en una película estén nominadas una como principal y otra como secundaria (sucedió en Belle epoque o Mar adentro). Así puedes ganar más Goyas y evitas que tu gente luche entre sí. Y si te has llevado mal con el de sonido porque era un bastardo, pues es el momento de la venganza: que se joda y no le presentamos como candidato.
Cada académico coge ese libraco y va mirando los nombres de cada categoría, que a veces son 50, a veces 100, a veces 80… Elige a cuatro, da igual en qué orden, y los apunta con buena letra en el impreso que también le ha enviado la Academia. Pasa la lengua húmeda como un pescado fofo por la goma pegajosa del sobre, que por qué no harán con un sabor rico, y lo cierra con destreza.
Ni que decir tiene que el académico no ha visto ni la décima parte de las películas que había en el libraco. Yo he hecho la prueba, y he visto 43 películas de las 119 que se han hecho en España en 2009, y eso que por mi trabajo me temo que tengo más posibilidades de ver cine español que muchos actores, que estarán trabajando en series y no tendrán tiempo. Y yo también trabajo mucho, pero a veces mi trabajo es ver precisamente esas películas. Los pobres académicos acaban votando entre las pocas que ha visto. Y claro, todos han visto Ágora y Celda 211. Y nadie ha visto Hierro o V.O.S.
Por eso muchas distribuidoras envían sus películas a los académicos en DVD, para que las vean y las voten. Eso sí, la Academia ha ideado este año un sistema para que todos puedan ver todo. Cada académico puede entrar en la web con un código personal e intransferible, y allí ver en streaming todos los títulos. Eso sí, no puedes prestar tu número, porque la web memoriza la dirección IP del ordenador y ya no permite que ese número entre desde otra máquina. Pero, francamente, no me imagino a Manuel Alexandre, Juanjo Ballesta o Asunción Balaguer viendo Planet 51 en streaming. Aunque quizá me equivoque.
El voto se envía por correo a un notario, y días más tarde, se anuncian las candidaturas. Cuatro por categoría, las más votadas.
Días más tarde, el académico vuelve a recibir un impreso que ya es como la quinielica: cuatro opciones por categoría, de las que ya sólo puede marcar una.
Se lo vuelve a mandar al notario, que recuenta los votos definitivos, y de ahí sale el ganador. Y ya está.
Un Goya ahí solo.
Este año, por quinta vez, estaré trabajando en los Goya. Es una pena, porque me gustaría celebrar el 14 de febrero con mi chica como hacemos siempre: cenando un plato de queso y acelgas, yo le regalo una flor y un merengue y ella me regala una corbata rosa palo con la inscripción: “Es la moza segoviana / la mujer que yo más quiero”. Siempre es así. Pero este año no podrá ser. Este año me toca pasar San Valentín con el cine. Del que, al fin y al cabo, también estoy enamorado.