Radiografía de tribus urbanas: los cocinillas™

Martes, 9 Marzo 2010

Inauguramos sección con ánimo zumbón y pulso firme.
Las razones ya las conocen: disección y sutura. Un apunte -si me permiten- en estas ‘tribus urbanas’ dejaremos de lado a góticos, it girls, cosplayers, pokeros y demás niñatos malcriados. Primero, porque su vida nos importa un carajo. Segundo, porque para saber qué coño hacen con su tiempo libre ya tienen otras fuentes de información disfrazadas de coolhunters molones y revistas de la calaña de Vanidad o V Magazine. Esas que nadie lee y sin embargo miras de reojo en el kiosko, en busca de esa teta huidiza o aquel culo raquítico.

Naaa, aquí sólo hablaremos de verdades de a puño. De treintañeras desesperadas, listillos informáticos, bohemios de la Latina o aficionados al Póker. De perdedores, salidos, golfas, santas o, para el caso que nos ocupa, los jodidos cocinillas.

Ok Go. Vamos con los cocinillas.
Tienen entre 30 y 45 palos y por regla general son varones. Que sí, que los/las hay en los dos géneros pero ellas no tienen esa estúpida necesidad de gritarlo a los cuatro vientos “Eyyy, cocino como Dios“.
Casi siempre son personas ya emparejadas, por una razón cuya lógica aplasta: Maslow, amigos. Un soltero hambriento de faldas tiene cosas bastante más importantes en las que pensar que impresionar a los amigotes de turno con esta o aquella emulsión. Un soltero piensa en meter y su nevera es más aburrida que una peli de Angelopoulos. Conservas y cervezas. Punto pelota.

Medallas y puñaladas.
Lo han adivinado, el cocinilla compite no sólo consigo mismo, sino con todo el jodido mundo. Con sus amigos, sus familiares, con Jose Andrés, con su cuñado y con su puta madre.
Hombres, you know. Porque no imagino a mi madre diciendo “Hago la mejor tortilla de patata de España” o a la otra gritando en la escalera “Cocino los mejores callos de Madrid”. Ellas sólo cocinan. Nosotros, además, nos medimos la polla.

Agenda y negritas en relieve.
Ay, los contactos. Cuando nuestro amigo entra en el restaurante disfruta como un enano saludando al chef, al maitre o a quien pela las patatas, qué mas da. Les gusta demostrar complicidad y que todos sepamos que está “enchufado”, que está “in”, y que tú no eres más que un paleto de los que hacen cola, por Dios.

Está bien… “pero“.
Nuestro cocinilla es todo un Fernando Alonso de los fogones. Tienen un increíble talento para disfrazar su mediocridad con excusas de toda índole. Es decir, si su plato no es perfecto es porque le falta un utensilio, el salmón del mercado de turno no era excelente o qué se yo, porque el día está nublado.
Eso sí, cuando un cocinilla visita a otro cocinilla o acude a un restaurante siempre tiene que plantar un “pero” al estofado en la mesa. “Está bien, pero yo lo habría hecho a baja temperatura“… “Está bien pero al Court bouillon le falta un punto de cocción“…

San Adrià.
El cocinilla se pone cachondo con tan sólo ver el careto pepón del mestre de Roses.
Y eso que nunca ha ido a El Bulli.
Porque es. Imposible. Encontrar. Mesa. Coño.

Consultorio Nada Importa cap.6: “¿Es posible entenderlas?”

Lunes, 22 Febrero 2010

Touché.
La vida tiene estas cosas.
Tú dedicas tus días a tachar números y tratar de caer de pie. Coleccionas recuerdos y amaneceres acompañado de croissants y capuccinos, escondido en ese lugar donde no es necesaria la ironía ni el cuchillo entre los dientes. Lejos, quiero decir, del jodido escepticismo, ese que se pega a la piel con el tic tac del despertador y el fin de la adolescencia. Hasta que un día abres el mail y te encuentras con esto:

Te escribo desde Algeciras, mi nombre es C. y tengo 20 años.

Hace meses que leo tu blog, y desde que lo he comentado hace poco y he pasado ciertos artículos a amigas está arrasando por aquí. Cada día son más LAS que se meten a leer y todas y cada una dicen que no son como las chicas que tú defines. Pero todas acaban leyendo más y más artículos. Sinceramente, creo que nadie las conoce mejor que tú. Yo me he criado entre mujeres, y siempre he estado rodeado de ellas y creo que ha llegado el momento en el que no las soporto. Sobre todo desde que estoy enamorado de una zorra autodestructiva (preciosa, por cierto).

Bueno… todo esta parrafada para pedirte qué cuando nos vas a deleitar con un artículo sobre qué hacer para entenderlas ¿o es imposible?

Punto 1. ¿En serio hablas en serio?
Y yo que pensaba que eso de la inocencia en los niñatos era cosa del pasado. Pensaba, no sé, que habían servido de algo tantas generaciones, desengaños y series de televisión basura, que el Zeitgeist patrio y chusco habría dejado algún rastro en vuestro código genético. Una suerte de batseñal de alarma -Danger!- que se active automáticamente -Zasca!- ante la presencia de marujas, mujeres fatales o engarzadoras.
Ya veo que no.

Punto 2. Entenderlas, dices.
A las mujeres hay que quererlas, no comprenderlas“. La frasecita, joven Padawan, suena que te cagas y seguro que luce de puta madre en el estado del Tuenti, pero ten un cosa en cuenta: a Oscar Wilde se le hacía el culo borrajas viendo Gladiator y se ponía de opio hasta los ojos. Por situarte en eso de los consejitos con las mujeres, digo.

No. No hay que entenderlas.
Ni tampoco, demonios, tienes por qué quererlas.
De lo que se trata -si es que esto trata sobre algo- es de que, con el tiempo y los portazos, logres entender un poquito a quien te mira desde el espejo. Se trata, también, de que quizás, con el paso de los años y un puñado de amigos de verdad -aquí no importa el género- logres quererte a tí mismo más allá de las medallas y el ego disfrazado de estúpidas metas y cuentas corrientes.
Y quizás, sólo quizás, en algún momento aparezca alguien que vea lo que tú solo intuyes. Que no juega ni miente porque espera el futuro como espera las canciones o los títulos de crédito.
Sin espera.
Alguien que será tu amiga, tu amante, tu sello, tu coraza y tu espejo. Todos tus espejos.

Suerte, chaval.

Arte, ego y otros vicios

Domingo, 14 Febrero 2010

· “¿Unas pochas, Don Camilo?”
De un tiempo acá he reparado en un pequeño detalle. Verán, cuando en la sobremesa -esas tan bien regadas con Gin Tonics y mala uva- planto sobre el tapete cualquier tema relacionado con el Arte -así, en mayúsculas- se me toma o bien por maricón o bien por estirado. Estirado en el peor sentido de la palabra, quiero decir, estirado más tirando a Marichalar que a un hijo de la Abascal. Un moñas, en pocas palabras.

En el fondo lo entiendo. Supongo que es culpa de los suplementos dominicales, la basura pseudoartística en la red y claro, los minutos en el telediario. Es todo tan asquerosamente engolado y académico cuando el negro sobre blanco va sobre pinceles y exposiciones… todo tan serio, tan solemne y tan coñazo.
Sin más, nosotros también estamos hartos del arte oficial, “ese arte, sus artistas y su entorno se han vuelto tan soberbios, tan vanidosos, que creen vivir por encima del mundo, ocupados sólo en mirarse el ombligo, y debatir sobre el sexo de los ángeles“.

Por eso, hace diez meses, decidimos* empezar ArterEgo.
Algunos de ustedes ya lo sabían, el caso es que lo escupo ahora porque ha pasado el tiempo suficiente para saber hacia donde vamos -que es justo donde empezamos- y porque 17 números han dado para un par de reseñas no-tan-moñas:

· La gran estafa del arte moderno {Nº10 Enigmas}.
· Serge Gainsbourg: así viste un bebedor {Nº6 Barras de bar}.
· Guía canalla de Venecia: cócteles, vinos y joie de vivre {Nº11 Oh, Venecia}.
· Cinco momentos perdidos del mundo de la moda {Nº8 Instantes}.
· Un recorrido por bares, artistas y lienzos {Nº6 Barras de bar}.
· Una década de editoriales de moda {Nº16 Imágenes}.
· Guía canalla de Berlín {Nº13 Berlin}.
· Me gusta beber {Nº17 Actitud}.
· Alberto García-Alix, de cambios y ajustes de cuentas {Nº1 Cambio}.

Resumiendo: ArterEgo es un magazine sobre arte, moda, tendencias y actitud.
Se publica los días 1 y 15 de cada mes. Cada número está dedicado a un tema monográfico y cuenta con tres firmas.

Actitud porque creemos que existe un hilo que vincula a Bacon con Van Noten. Un hilo que une a Miles Davis con André Clouet y con Alan Moore, y a todos con leer a Muñoz Molina los domingos por la mañana al lado de un croissant y un café con leche.

El mismo hilo que conecta a Max Ernst con David Lynch y a Dave Brubeck Quartet con un Dry Martini seco como el infierno. Ese de las sábanas frías y las páginas marcadas. El hilo que nos condujo de Alphons Mucha a García Alix y de allí a nosotros mismos.

Sólo queremos tirar de ese hilo.

Sexo, prejuicios y copas de vino

Martes, 2 Febrero 2010

El vino es bueno para salud.
¿Verdad? ¿mentira? Qué importa, si la hipótesis ya abandonó el terreno de lo posible para abonar el de los tópicos, osea, más clichés, esos que sólo sirven para aburrir a las manecillas del reloj y meter bajo la alfombra al silencio en las reuniones familiares. “Las espinacas te hacen más fuerte“, “las mujeres no saben leer mapas” o, claro, “el vino es bueno para la salud”.

¿Pero qué hay de cierto? La excusa para romper la baraja, esta vez, se llama resveratrol, un polifenol presente en las uvas y en otros alimentos como las ostras y las nueces. Posee propiedades antioxidantes y anticancerígenas que prolongan la vida de las células, como lo oyen.
 El componente mágico nació de la mano de los investigadores David Sinclair y Leonard Guarentee, candidatos al Premio Nobel por sus descubrimientos sobre el origen del envejecimiento, cuando detectaron que el resveratrol puede activar el gen Sirt1 (o sirtuina), conocido como el gen de la longevidad.

Lo curioso del asunto es que el resveratrol se produce en la vid cuando ésta sufre, bien sea por culpa del estrés hídrico o bien a raíz del ataque del hongo conocido como la Botrytis cinerea, un agente microscópico que da lugar a la podredumbre noble de la uva, responable no sólo de retrasar unos cuantos años el ding dong de la señora con guadaña, también de crear varios de los mejores vinos del mundo: Chateau d´Yquem en Sauternes, Coteaux du Layon en el Valle del Loira o Tokay en Hungría. Una joya, la Botrytis.

Marketing y verdades a medias
La traducción es sencilla: beber vino de forma moderada es beneficioso para la salud.
Pero hay más, mucho más, y es que aún podemos adornar mejor el traje invisible del Emperador y rizar el rizo como hizo el catedrático de Fisiología Manuel Mas en el marco de las XII Jornadas de la Viña y el Vino celebradas en La Palma: el vino también favorece la actividad sexual. Según explicó, “el sistema de respuesta sexual, tanto la erección del pene en el varón y la lubricación vaginal de la mujer, es una parte del sistema cardiovascular, de manera que si el alcohol y el vino son buenos para el sistema cardiovascular en su conjunto en cantidades moderadas, también pueden ayudar y proteger la práctica sexual“. Y como guinda del pastel: “en los países en que más vinos se consume hay menos problemas sexuales“.

Qué nos van a contar a nosotros, ¿verdad? si inventamos el Landismo. Ya saben, Spain is different y todo ese rollo fetén de comerse una y contar veinte. 
Resumiendo, bebiendo vino vives más, follas mejor, previenes el cáncer y además adelgazas. La hostia en verso.

¿Abrimos la botella, entonces?
No tan rápido. Aún falta enseñar el conejo y la chistera, es decir, el doble fondo: para recibir la dosis de resveratrol necesaria para aumentar la actividad de las células cutáneas, un ser humano debería tomar entre 750 a 1500 botellas de vino tinto por día. Que sí, que está muy rico ¿pero mil botellas?

Claro que eso no le importa un carajo al director de marketing de la bodega de turno ni al plumilla en prácticas que rellena huecos en el suplemento dominical, así que al final tendrá razón Don Draper, el cabrón publicista de Mad Men, cuando sentencia -él no habla, sentencia- que no importa lo que eres sino cómo te vendes. 
Y así nos va, redios. Y así tenemos las estanterías repletas hasta el gollete de bífidus, antioxidantes, casei inmunitas, crecepelos y mierdas biodegradables cuyo único fin es aliviarnos lo suficiente la conciencia para seguir crujiendo la Visa, cuando en realidad -qué les voy a contar- seguimos tan gordos, calvos, estresados y jodidos como lo hemos estado siempre. Y a Dios gracias.

Placer y equívocos.
Sé lo que están pensando. Qué asco de vida y qué asco de circo, éste en el que eres lo que compras y lo que ves -que es lo único en lo que crees- viene firmado por un estudio de mercado y filtrado en Photoshop. Y qué quieren que les diga, mejor que así sea. Porque bien pensado, ¿y si el vino realmente sólo sirviera para lo que nació? ¿Y si el vino en realidad sólo nos proporcionara placer, secretos, deseo, cultura y emoción?

¿Y si no hubiese más motivos para beber que los cinco motivos que expresaba Jacques Sirmond, confesor del Rey de Francia Luis XIII? La llegada de un amigo, la sed del momento o la sed futura, la bondad del vino, y además cualquier otra razón.
Qué faena, verdad.

Un manual del buen gusto #2: Sangonereta o la buena mesa en Valencia

Jueves, 21 Enero 2010

Crisis y llorones.
Ay, la crisis, ese final boss vestido de burocracia y colas del paro, esa zorra desagradecida que se está cebando a base de saña y colmillo retorcido con el sector de la restauración y el bebercio. Los restaurantes están vacíos; una pena, sí. Pero también era una jodida pena que por cualquier mierda de cena te plantaran ochenta pavos en la cuenta, al amparo del carpaccio con foie y el confit de pato de las narices.

Cada semana nacían dos nuevos restaurantes molones -ya me entienden- debajo de las piedras. Diseño cool, carta en Helvética y nota de prensa en el OnMadrid. Y ahora, claro, están bajando persianas y buscando culpables. Y qué quieren que les diga, yo me alegro. Porque otro tipo de restaurantes capea el temporal, y lo hace porque sus clientes -nosotros- seguimos aflojando el cepillo buscando lo de siempre: buena mesa, joder.
Buena mesa.

Un manual del buen gusto #2: Restaurante Sangonereta.
La fonda está en la calle Sorní 31, cerca de las pijas y el Mercado de Colón; sí, ese modernista montón de ladrillos donde se queda a tomar café y dejarse ver, tía.
El restaurante es el proyecto familiar de Javier Aznar (sala) y Amparo Martínez (cocina) y tiene los santos cojones de venderse tal que así: “El Restaurante Sangonereta dispone de una discreto local donde poder disfrutar de una agradable y relajada velada“. Han leído bien, discreto y relajado. Ole.

Y es que es así, discreto y relajado. Y quizás no sea el mejor ni el más barato pero sencillamente tiene ese punto de flow que hace que las cosas funcionen. Los platos sorprenden sin necesidad de pasar hambre, el servicio es atento pero no excesivamente comepollas ni asquerosamente envarado.
¿Y en la mesa?
· Ensalada de salmón marinado, queso Idiazabal, flores y germinados sobre una tosta con vinagreta de café.
· Terrina de conejo, consomé  de setas y hierbas aromáticas, con una emulsión de cebollino y salteado de setas.
· Steack Tártaro de solomillo con helado de torta del casar y galleta de Parmesano.
· Mar y montaña de bogavante con papada de ibérico y puré de patata al aceite de oliva.
· Lomo de atún con cebolla confitada, marmitaco emulsionado y tagliolini de su consomé.
· Cochinillo cocinado a baja temperatura con all i oli de membrillo  y cebolletas glaseadas.
· Creme brullè de anís estrellado con helado de piel de lima-limón y compacto de naranja.
· Demonios, mucho queso.

Y claro, fin de fiesta acompañados de un Gin Tonic (casi) perfecto, con Javier en la mesa, dos copas vacías y la panza llena.
· Web oficial.
· Sangonereta en Ojo al Plato.
· Opiniones en Verema.
· Opiniones en 11870.

Mujeres, torturas y compras 1 · Shopping en Valencia

Domingo, 10 Enero 2010

En serio, me supera lo de las mujeres y las tiendas.
Dejemos de lado el chascarrillo y los prejuicios, pasemos por alto -por una vez- los tópicos y lugares comunes, al menos esos que sólo sirven para rellenar píxeles y cabrear a cuatro malfolladas.
En serio, ¿por qué? ¿qué coño pasa con “ir de shopping“?
No importa cuán jodida esté una mujer, no importan los besos ni las caricias que gastes tratando de sacarla de donde quiera que esté, allá al fondo tras los ojos tristes y el pelo recogido. Nada. Sin embargo, es pisar la calle y cruzar el umbral que la separa de “esos” zapatos que parecen hechos para ella y ya está. Salvada. Y a tí se te queda esa cara de gilipollas que sólo sabe mirar el marcador y recorrer el camino que lleva hasta el banquillo.

Un escaparate -siempre- es una promesa de un lugar mejor. Un mejor mañana, un ticket para su Hogwarts particular, en algún lugar donde no hay miserias, celos ni orgullo. Sólo cajas de zapatos, sábanas de seda y príncipes azules con barba de tres días.

Supongo que un escaparate es su pequeño Macondo. Su isla del tesoro, su Castillo de Grayskull donde olvidar un rato a esa pequeña Escarlata que todas llevan dentro, “mañana será otro día” y toda esa cháchara matriarcal de comerse el mundo, fregar los platos, contestar emails, parir churumbeles, llegar a Pilates y ponérsela dura. Ya saben, Úrsula Iguarán.

Decía Gandhi que sólo es posible encontrar la paz dentro de uno mismo. Pero Mahatma, claro, no tenía que hacerse la cera ni sudar en la cinta del O2. Jodido comeflores.

Guía de shopping en Valencia:
Así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid*, les dejo con algunas recomendaciones, tres o cuatro pistas para shhhhhh hacerla un poquito más feliz:

· Milla de oro · zona Marqués de dos Aguas: Louis Vuitton, Loewe, Roberto Cavalli, Hermés, Carolina Herrera, Bulgari y Montblanc.

· Tiendas multimarca · Hi class: Alex Vidal y Chapeau, Oh! Lulu, Linda Vuela a Río, Patos y Gran Vía 20.

· Tiendas con encanto · Rollo bohemio, prêt-à-porter, marcas locales: La Vispateresa, La Calle 42, El Mundo al revés, Maje, Sandro, Comptoir des Cotonniers, El telar de azúcar, Harry me quiere (C/ Isabel la Católica, 26) y Oh la là.

Para acabar, dos diseñadoras valencianas, Tonuca y Nona.

Compras, compras, compras…
· Tipología de mujeres de compras™.
· Hombres: tipología del acompañante en una tarde de compras.


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